La “casa de los leyentes” tiene todos los atributos de ejércitos de ignorantes que combaten en la noche. (Matthew Arnold)

jueves, 1 de septiembre de 2011

Desde la torre

Francisco de Quevedo


Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos, libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.


Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.

Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años, vengadora,
libra, ¡oh gran don Iosef!, docta la imprenta.

En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquella el mejor cálculo cuenta
que en la lección de estudios nos mejora.

  ***

La lectura nos permite romper el hielo de nuestra soledad para acercarnos al fuego de otras almas. 
La lectura es un acto místico que nos permite hablar con los muertos.

Que cada quien escoja los muertos que se han ausentado para conversar con ellos en el ejercicio del arte de la lectura. Al hacerlo, como en el acto de escribir un poema, se habrá consumado un mínimo rito por medio del lenguaje articulado, escrito, leído: el de convocar a los difuntos. Y un exorsismo: distraernos de los demonios de la prosa del mundo; ausentar a esos monstruos, siquiera durante el tiempo en que sostenemos una página impresa ante los ojos.(Poeta David Huerta)



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